𝐏𝐨𝐫: 𝐒𝐢𝐥𝐯𝐢𝐚𝐧𝐨 𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐌𝐨𝐫𝐚.

En política, bajarse de una boleta electoral no siempre significa retirarse de la batalla. En ocasiones representa un acto de disciplina, una decisión estratégica o incluso un sacrificio personal en favor de una causa considerada superior. Bajo esa lógica debe interpretarse la reciente declaración del exalcalde Bonifacio Bustamante Hernández durante su participación en el podcast “Hablemos de Política”, conducido por la periodista María Elena Ibarra, en La Kañona 94.3 FM, donde afirmó que no se visualiza compitiendo en el proceso electoral de 2027.
La afirmación, sin embargo, está lejos de significar un retiro de la vida política. Quienes conocen a Bonifacio saben que no es un actor que opere bajo impulsos personales ni que tome decisiones aisladas. Su trayectoria ha estado marcada por la construcción de equipos, la disciplina partidista y una concepción de la política donde la lealtad sigue siendo un valor vigente. Bonifacio no se manda solo porque forma parte de un proyecto político que trasciende aspiraciones individuales.
Por ello, su postura parece responder menos a una ausencia de capital político y más a un compromiso de congruencia con uno de sus amigos más cercanos: el diputado federal Mario Zamora Gastélum. Si el escenario político terminara favoreciendo a Zamora con la candidatura del PRI al Gobierno de Sinaloa, sería difícil imaginar a Bustamante Hernández al margen de esa contienda. No necesariamente como candidato, pero sí como uno de los principales operadores de una estructura regional que el exalcalde conoce a la perfección.
Y es precisamente ahí donde radica su verdadero valor político. Poner en manos de Bonifacio Bustamante la coordinación territorial del sur de Sinaloa significaría entregar la operación a un liderazgo probado. Su influencia continúa vigente en municipios estratégicos como Escuinapa, Rosario y Concordia, una franja electoral que históricamente ha tenido peso específico en las disputas estatales. Conoce a los liderazgos naturales, mantiene interlocución con sectores productivos y sociales, y posee la experiencia necesaria para construir consensos donde otros suelen generar confrontaciones.
En tiempos donde la política suele estar dominada por proyectos personales, rupturas prematuras y disputas internas, la eventual decisión de Bonifacio de cerrar filas con Mario Zamora enviaría un mensaje distinto: el de la lealtad política como instrumento de fortaleza y no como sinónimo de subordinación. Porque la lealtad, cuando nace de la convicción y no de la conveniencia, también es una forma de liderazgo.
Aún falta tiempo para que el tablero de 2027 termine de acomodarse. Las candidaturas no están definidas y los escenarios pueden modificarse. Pero si Mario Zamora logra convertirse en el abanderado priista para la gubernatura de Sinaloa, existe una certeza que pocos pondrían en duda: Bonifacio Bustamante estará donde considere que puede ser más útil para la causa. Quizá no aparezca en la boleta, pero seguramente estará en la operación política, en la construcción de acuerdos y en la defensa de un proyecto al que ha sido leal durante años.
𝐆𝐫𝐚𝐜𝐢𝐚𝐬 𝐩𝐨𝐫 𝐬𝐮 𝐚𝐭𝐞𝐧𝐜𝐢𝐨𝐧. 𝐇𝐚𝐬𝐭𝐚 𝐥𝐚 𝐩𝐫𝐨𝐱𝐢𝐦𝐚, 𝐩𝐨𝐫𝐪𝐮𝐞 𝐥𝐚 𝐩𝐨𝐥𝐢𝐭𝐢𝐜𝐚 𝐧𝐮𝐧𝐜𝐚 𝐬𝐞 𝐝𝐞𝐭𝐢𝐞𝐧𝐞.