
Los recientes episodios de violencia que han sacudido al municipio de Escuinapa obligan a una profunda reflexión sobre la manera en que sus ciudadanos eligen a quienes los gobiernan. Entre la zozobra, la incertidumbre y el temor cotidiano, la población enfrenta una realidad marcada por la inseguridad y la sensación de abandono institucional.
A ello se suma el deterioro de los servicios públicos y la insuficiente respuesta de las autoridades ante los problemas más apremiantes de su comunidad. Como resultado, Escuinapa ha venido perdiendo terreno en materia de desarrollo y calidad de vida, rezagándose cada vez más frente al resto de los municipios de Sinaloa.
Ante la proximidad de un nuevo proceso electoral, en el que los escuinapenses tendrán nuevamente la responsabilidad de elegir a su presidente municipal, así como a su representante en el Congreso local, resulta indispensable ejercer un voto más crítico y consciente. La ciudadanía está llamada a dejar de lado el atractivo de las figuras carismáticas y las promesas fáciles para evaluar con rigor la capacidad, trayectoria y resultados de quienes aspiran a ocupar cargos públicos.
La experiencia ha demostrado que el carisma no siempre se traduce en buenos gobiernos ni en una representación eficaz. Escuinapa no puede seguir apostando por perfiles que, una vez en el poder, han mostrado incapacidad para resolver los problemas del municipio o por legisladores ausentes, carentes de gestión y desvinculados de las necesidades de los ciudadanos que dicen representar.
Con el paso de los años, pareciera que los escuinapenses han quedado atrapados en un constante ciclo de prueba y error del que, una y otra vez, terminan siendo los principales perjudicados. Los resultados están a la vista: rezago, servicios deficientes, escasa capacidad de gestión y una creciente sensación de desencanto con la clase política.
Por ello, no resulta ocioso comenzar a buscar nuevos liderazgos, perfiles que trasciendan la popularidad efímera que otorgan las redes sociales y la cantidad de “Me Gusta” acumulados en una publicación. Escuinapa requiere hombres y mujeres con preparación, visión y compromiso, capaces de ofrecer soluciones viables a problemas reales, no discursos atractivos ni promesas fantasiosas que terminan diluyéndose una vez concluida la campaña electoral.
Porque gobernar un municipio no es un concurso de popularidad, sino una responsabilidad que exige capacidad y resultados. Y si los problemas persisten elección tras elección, quizá la pregunta ya no sea qué hacen mal los gobernantes, sino cuántas veces más estará dispuesta la sociedad a premiar la improvisación antes de exigir perfiles verdaderamente preparados para gobernar.
Amigos. Gracias por acompañarme en esta reflexión. El debate queda abierto y las conclusiones corresponden a cada lector. Por lo pronto, lo aquí expuesto no es más que una opinión puesta sobre la mesa, expresada, como siempre, a manera de comentario. Gracias totales.