
Por: Silviano de la Mora.
Históricamente, el sur de Sinaloa ha encontrado en la agricultura su principal motor de vida. Sin embargo, lo que antes se consideraba un “cultivo noble” y un cheque al portador, hoy enfrenta una de sus crisis más silenciosas y peligrosas. Las recientes declaraciones del productor de mango en Escuinapa, Bonifacio Bustamante Hernández, en la serie “Desde Mi Tierra”, del productor de contenido Misraim Guerrero destapan una realidad alarmante: el motor económico de Escuinapa está corriendo sin red de seguridad.
Analicemos la magnitud del problema a través de los datos que definen esta crisis. No hablamos de un bache menor; hablamos de un impacto directo en el patrimonio de cerca de 3,000 productores locales de mango. Para estas familias, el colapso de una temporada no significa “ganar menos”, significa un descalabro financiero total que los está obligando a empeñar sus propias huertas para garantizar el sustento diario, ante la falta de ingresos anuales calculados.
La onda expansiva de esta crisis no se detiene en los dueños de las tierras. El mango es un eslabón que derrama millones de pesos cada año y genera miles de empleos en la región. Cuando el volumen de producción cae, la contratación se desploma. La mano de obra se concentra en unos pocos, el dinero deja de fluir y el desempleo golpea con más fuerza a los sectores más vulnerables de la cadena: los jornaleros y los trabajadores de los empaques, donde el dinero simplemente ya no llega.
Lo verdaderamente grave que pone sobre la mesa Bonifacio Bustamante es la total desprotección institucional. Hoy en día, los productores operan con cero cultivos alternos desarrollados y, de manera crítica, con cero opciones de un seguro de gastos por daños catastróficos —un esquema de protección que sí existía en gobiernos anteriores y que fue desmantelado—.
La propuesta de los productores es clara y requiere una respuesta inmediata del Gobierno del Estado: número uno, reintegrar urgentemente al mango en las coberturas de seguros catastróficos estatales; y número dos, financiar e investigar una reconversión productiva con segundas opciones de siembra.
El campo sinaloense es grande por su gente; como bien dice Bonifacio, “en Sinaloa se juega a lo grande” y existe una identidad de ganadores que sostiene el liderazgo nacional en la producción de tomate, maíz, camarón y atún. Pero el orgullo y la resiliencia no pagan las deudas ni llenan los platos. Es momento de que la política pública esté a la altura del esfuerzo de los productores del sur, antes de que el “cultivo noble” se convierta en una noble ruina.
Amigos gracias por la atención a este espacio. Saludos.