CULIACÁN, SINALOA.— Nunca es tarde para cumplir un sueño, y Silvia Verdugo Valenzuela lo acaba de demostrar con creces. A sus 63 años, con el cabello cano y una sonrisa llena de orgullo, Silvia recibió su certificado de bachillerato en el Plantel 27 “Lic. Rodolfo Monjaraz Buelna” del Colegio de Bachilleres del Estado de Sinaloa (COBAES), transformándose en un verdadero estandarte de superación y aprendizaje permanente.
Por décadas, los pasillos de una tienda departamental y las largas jornadas laborales alejaron a Silvia de los libros. El deseo de estudiar la preparatoria seguía vivo, pero el cansancio y el reloj jugaban en su contra. Sin embargo, la vida le tenía guardada una revancha. Silvia encontró en COBAES no solo un aula, sino un equipo de docentes dispuestos a guiarla a su propio ritmo.
“Yo trabajaba todo el día y los maestros me dijeron que tenía una oportunidad, que sí podía. En la noche, unas dos horas o tres horas, me ayudaron mucho. Yo descansaba dos días; esos dos días iba, me daban las tareas y yo las hacía como podía”, relata Silvia con una emoción que contagia. Para ella, la clave del éxito estuvo en el contacto humano, lejos de la frialdad de una pantalla: “Yo ya tenía mucho tiempo que quería estudiar la prepa, pero no por internet, no; así, tener enfrente al maestro, preguntarle y todo. O sea, aprendí muy bien”.
El regreso a las aulas no solo llenó su libreta de apuntes, sino que transformó su vida desde adentro. El reto de volver a estudiar reactivó su mente y le devolvió una seguridad que creía dormida. “Hay muchas cosas bonitas que nos enseñaron ahí. O sea, la mente de uno vuelve a reactivarse, a sentirse activa y luego la autoestima de uno, ¡uy, hasta los cielos! Es una experiencia muy bonita”, confiesa al recordar sus días en el plantel 27.
Esta chispa de superación se volvió contagiosa en su hogar. Inspirada por su logro, su hermana Eva sigue hoy sus pasos y cursa sus estudios en el mismo plantel de COBAES, demostrando que las ganas de crecer son un asunto de familia que no se rige por el acta de nacimiento.
Lejos de conformarse con el certificado de bachillerato, Silvia ya tiene la mirada puesta en el siguiente escalón. Con la mente ágil y el corazón encendido, aplicó y aprobó con éxito el examen de admisión para ingresar a la Escuela de Enfermería, lista para vestir el uniforme y comenzar una nueva profesión.
Al mirar atrás y verse hoy con su meta cumplida, Silvia lanza un mensaje lleno de calidez para quienes creen que su tiempo ya pasó: “Acérquense a las opciones educativas disponibles y aprovechen las oportunidades de formación”. Con historias como la de Silvia, COBAES reafirma su rostro más humano e incluyente, demostrando que cuando hay voluntad y un buen acompañamiento docente, la edad es solo un número y el pupitre siempre estará listo para recibir un nuevo sueño.