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Por: Silviano de la Mora
Los recientes hechos violentos en Escuinapa evidencian que las estrategias actuales han sido rebasadas por el crimen organizado; es urgente una reestructuración de los operativos y una coordinación real de los tres niveles de gobierno.
Que se dé una balacera y una persecución a plena luz del día ya es sumamente preocupante. Este tipo de hechos violentos en zonas céntricas rompe por completo con la tranquilidad de las familias escuinapenses, dejando a los ciudadanos en un estado constante de miedo e indefensión en sus propios espacios cotidianos.
Sin duda, esto muestra una situación muy difícil para las autoridades. La audacia con la que operan las células delictivas, desafiando el orden público a cualquier hora, es una señal clara de que las estrategias actuales han sido rebasadas por la delincuencia organizada y que la capacidad de respuesta local se encuentra bajo una enorme presión.
Ante esta realidad, no se puede seguir actuando igual. Este tipo de eventos requiere una revisión inmediata de los protocolos de seguridad. Ya no bastan las reacciones tardías ni el simple despliegue posterior a los hechos; se necesitan acciones preventivas contundentes, inteligencia policial y una coordinación real entre los tres niveles de gobierno para recuperar el control de las calles y devolver la paz a la comunidad.
La tranquilidad de una comunidad no se negocia: o las autoridades recuperan el control de las calles ahora, o la complicidad del silencio terminará por sepultarnos.
