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A MANERA DE COMENTARIO
Por: Silviano de la Mora
Si Trini Ibarra de veras aspira a la alcaldía de Escuinapa, su postulación no debería nacer en las oficinas de un comité partidista en Culiacán ni en los escritorios de la Ciudad de México. Debe construirse desde las calles del municipio, por la vía independiente. Para los ciudadanos de este solar sinaloense, las siglas de siempre son sinónimo de abandono y promesas incumplidas. Operar bajo esas viejas estructuras implica cargar con un peso muerto que frena el cambio verdadero; nadie que llegue amarrado de manos puede gobernar con libertad.
A nivel federal, los institutos políticos devoran más de 6,200 millones de pesos anuales del dinero de los contribuyentes. Mientras tanto, aquí en el sur de Sinaloa, las carencias en servicios públicos, salud y oportunidades siguen vigentes. El problema central es que cada centavo que un partido político invierte en una campaña viene encadenado a compromisos opacos que se cobran después. Las cuotas de poder, los compadrazgos y los favores obligatorios terminan secuestrando al gobierno municipal. Además, la trampa es su sello de garantía: solo en lo que va de este 2026, el INE ya les impuso multas por más de 17 millones de pesos a organizaciones y aspirantes por irregularidades financieras. Escuinapa no merece un gobierno que empiece pagando los platos rotos de dirigencias tramposas.
Someterse a una cúpula no es un impulso para un líder; es un costo altísimo que se paga directamente con la autonomía del municipio y la credibilidad del gobernante. En contraste, la ruta independiente ofrece un camino limpio, aunque desafiante, diseñado para conectar directo con la familia escuinapense. Aunque el acceso a los recursos públicos es mucho menor, este modelo se rige bajo reglas de transparencia estrictas donde cada peso se cuenta y se justifica ante el ciudadano. Aquí no hay espacio para desvíos ni dados cargados.
Al no existir ataduras con dirigencias ni militancias corporativas, el proyecto se sostiene únicamente por el respaldo real de la gente. El único pacto de Trini Ibarra sería con el ciudadano de a pie. La historia ya ha demostrado que esta ruta es viable cuando se conecta con el hartazgo social, y en Escuinapa la vieja política ya llegó al límite. Lanzarse por la libre no sería para ahorrarse unos pesos ni una simple pose de campaña; es plantarle cara de una vez por todas a las siglas que tienen estancado al sur del estado.
Quien de verdad quiera gobernar Escuinapa se enfrenta a una disyuntiva contundente: o se dobla ante los padrinos de siempre, o se la juega limpio con la gente. La vía independiente no es un capricho; es la única forma de arrebatarle el municipio a quienes se sirven de él en lugar de servirle. Al final del día, el dilema es definitivo: o se sigue sometidos ante el pasado, o se atreven a pagar el precio de la libertad para rescatar Escuinapa.
Amigos, gracias por su atención a este espacio. ¡Saludos!
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