
Por: Silviano de la Mora
La máxima tribuna del Congreso del Estado de Sinaloa se convirtió este jueves en el escenario de una ruptura política que sacude los cimientos de la narrativa oficialista. El enérgico pronunciamiento de la diputada del 24 distrito Rosario Sarabia en contra de la alcaldesa de Rosario, Claudia Valdez —ambas militantes del partido MORENA—, expone una realidad inocultable: el discurso de unidad institucional enfrenta serias resistencias cuando choca con las demandas sociales no resueltas en el territorio.
Al calificar la gestión municipal de Claudia Valdez, como una «tiranía» y señalar que el enemigo más peligroso para el proyecto de transformación no es la oposición, sino la indiferencia de los propios funcionarios, la legisladora no solo rompió las formas de la cortesía política, sino que situó las legítimas exigencias de la invasión Marcelo Loya en el centro de una disputa interna de pronóstico reservado.
Este choque abierto evidencia que el costo de la ineficacia burocrática y el rezago histórico de más de 18 años en la regularización de predios ya no se administrará en el silencio de las oficinas gubernamentales. La acusación formal de que el ayuntamiento opera desde la comodidad del escritorio y administra la desesperación de la gente representa un severo cuestionamiento ético a los principios de la llamada cuarta transformación.
Las consecuencias de esta confrontación rebasan el ámbito legislativo y administrativo, trasladándose directamente al plano electoral, donde la fragmentación de las estructuras de base en el sur del estado parece inevitable. De obligar a los comités locales y liderazgos seccionales a alinearse con una u otra facción, se debilita el voto duro de la organización y se abren ventanas de oportunidad para que fuerzas externas capitalicen el descontento de los sectores vulnerables.
Asimismo, el conflicto altera de forma irreversible el futuro político de ambas figuras: mientras la alcaldesa Valdez ve mermada su aprobación ciudadana ante los órganos internos de evaluación, la diputada Sarabia asume una apuesta de alto riesgo que, si bien busca consolidar un capital político propio mediante el abanderamiento de causas populares hacia la alcaldía, tensa la relación con la dirigencia estatal al eludir los canales tradicionales de mediación.
No hay que olvidar que la diputada Rosario Sarabia está convencida de que #EsImelda
Amigos gracias por su atención.